Muestras

Desde el CC Cine Lumière habilitamos un espacio virtual para poder visitar las muestras fotográficas que se exhibieron durante 2017, 2018 y 2019 en nuestra sala de exposiciones. 

Insomnios

Insomnios nació tanto de la auto exploración y reflexión  como de la experimentación  fotográfica . Desde el año 2015 llevo trabajando sobre estas imágenes y es algo que cada tanto resurge en mí para agregar algunas nuevas fotos a este trabajo que siempre plantee como algo no forzado, evidentemente cuando sufro el no poder dormir. Intenta captar algo de esa atmósfera densa, melancólica y de nerviosismo en la cual quedamos sumergidos esas largas noches que parecen interminables a la espera de la luz del sol.

Autor: Federico Berretti

 

Fachadas

Autora: Emilia Taljame

Este trabajo consta de un corpus de imágenes realizadas desde el año 2014 en diferentes rincones del país. Las mismas dan cuenta de una mirada nostálgica de aquellos paisajes que resisten a las construcciones y reconstrucciones edilicias postmodernas, poniendo en evidencia las huellas del tiempo que afloran en las pinturas rasgadas, los materiales ajados y las estructuras maltrechas. Se trata de lugares abandonados o conservados que mantienen ciertas características arquitectónicas originales y nos invitan al misterio de las historias, las huellas y la memoria de sitios que poco a poco van perdiendo la atención de las miradas.  Técnica: fotografía digital – toma directa


Lugares comunes

Autor: La Bemba del Sur
Las imágenes que conforman esta muestra fotográfica fueron imaginadas y experimentadas en un espacio colectivo de trabajo, que por serlo, habilitó preguntas, miradas, palabras sobre aquellos lugares que nos definen, identifican, interpelan, singulares y comunes al mismo tiempo. 
Lugares comunes que elegimos comunicar en el diálogo amoroso y doloroso de estas fotografías, producto de un intenso año de encuentros y des-encuentros, intercambios, reconocimientos y des-conocimientos, en el marco del taller de Comunicación y Periodismo llevado a cabo en la Unidad Penitenciaria nº 3 de Rosario.
Con la intención de comunicar y reflexionar en torno al sentido, práctica y relación entre comunicación, derechos humanos y prácticas culturales desde el contexto carcelario, las actividades desarrolladas en el taller se fueron tejiendo en el andar cotidiano, respondiendo a los aconteceres propios de una institución que ejerce una fuerza destructiva y degradante sobre quienes se encuentran cumpliendo una pena privativa de la libertad. Pero que, paradójicamente, también habilita posibilidades. Proyecciones de esos límites borrosos y ficcionales entre el adentro y el afuera (y viceversa) donde la calle se convierte en un escenario hostil, desaprensivo, excluyente, donde el ejercicio de la violencia institucional y cotidiana sigue actuando sobre las vidas de los jóvenes y adultos detenidos tras los muros de la cárcel. Al punto de quitarles la vida misma.
Y allí Fernando Gutierrez apareció en el transcurso de los encuentros interpelándonos, su muerte nos destrozó y al mismo tiempo impulsó a hacernos preguntas. Fernando murió al poco tiempo de recuperar su libertad y lo que decían los diarios de él fue como haberlo matado dos veces: “un ex convicto fue asesinado a balazos”. La noticia remarca el rótulo asignado: ex convicto. Nada dice de quién era realmente Fernando. De sus ojos grandes. De su sonrisa de niño. De los 9 balazos que dejaron marcas en su cuerpo. De su pasión por el fútbol y del dolor que arrastraba tras la muerte de su hermano. De sus pasos de cumbia, su camisa a cuadros y su enorme compromiso con las tareas que asumía dentro de la cárcel en el marco de los talleres de radio y periodismo donde participó durante sus años encarcelado. De sus escritos y curiosidad propia de un periodista de calle. 
La desaparición de Fernando nos llenó de dolor, al tiempo que nos permitió reconocer que la identidad es un derecho que debe ser defendido, militado, ejercido; en la cárcel y fuera de ella. Entonces por Fernando, repitiendo una y otra vez que no era un “ex-convicto”, nos propusimos contar quiénes somos, qué hacemos, qué soñamos, qué extrañamos, qué buscamos.  Entregándonos al ejercicio humilde, situado, y a veces penoso de la rememoración, buscamos visualizar en nuestras trayectorias vitales algún rasgo que nos identifique, para poder plasmarlo luego en una imagen fotográfica cuidadosamente escogida. Sobre esta imagen proyectada en la pared se fundirían un instante significativo del pasado reciente, -o del futuro imaginado-, con nuestros cuerpos anhelantes del presente.
La construcción de estos relatos se nutrió del trabajo interno de cada tallerista, pero también de la participación comprometida de fotógrafos encargados de producir las imágenes de aquellos sitios significativos de la ciudad que aparecieron como escenarios de nuestras experiencias pasadas, esos lugares comunes que son tales porque nos reúnen, nos ligan, nos afectan, nos vuelven comunidad al ser con los otros, aquellos que queremos, amamos, anhelamos, recordamos. El club del barrio donde jugaba a la pelota en la adolescencia o la cancha a la que asistía junto al viejo y mis hermanos; la casita en Beltrán que construimos con mucho esfuerzo en donde anhelo volver a encontrarme con mi mujer y mis hijos; la puerta de mi casa, junto a mis hermanos en una tarde calurosa de verano en la que sin embargo no amontonamos para compartir una cerveza fría; el hospital en donde pasé horas larguísimas a la espera de la recuperación de mi hermana; el recital de mi banda favorita, aquella que me enseñó a cantar. Porque sé cantar y soy un experto bailarín de cumbia cruzada; la circunvalación de Rosario por la que transite muchas veces debido a mi trabajo y a mi gusto por los viajes. Extraño viajar.
Esos y otros relatos componen esta muestra colectiva. Una muestra que construye lugares comunes que de tan comunes son diferentes, especiales, singulares, colectivos. Lugares comunes que nos emocionan, nos afectan, nos vinculan, nos interrogan, nos detienen y nos impulsan. Lugares comunes que construyen identidad, nuestra identidad, la de sujetos de potencia, de posibilidad, de humanidades compartidas en ese comúnque es, ante todo, la vida misma.

 

Ex combatientes contra la vulnerabilidad...

Autor: Gabriel Avellaneda

Cuatro excombatientes de la guerra de Malvinas trajinan diariamente la ciudad brindando comida caliente a personas en situación de calle. Crónica de un día de trabajo, desde la preparación de las raciones hasta su reparto. Sumando pequeñas historias de los beneficiados.

Delator solar

Autor: Kumei Kirschmann

La solarigrafía es una variante de la fotografía estenopeica con tiempos de exposición muy largos: desde días, meses, hasta años. Esta técnica permite captar escenas en las que el sol y su trayectoria se convierten en protagonistas. Durante estas exposiciones tan largas, el papel fotosensible colocado en el interior de la cámara va registrando cambios en la tonalidad de la emulsión a medida que recibe la luz, tanto de forma directa como por reflexión de otros elementos. Inicialmente blanca o amarillenta, en función del papel utilizado, aparece entonces una imagen con diferentes tonos rosas, ocres o de otros colores.

La artista se enamoró instantáneamente del proceso por su novedad, por su antigüedad, por su simpleza, por su complejidad, por su forma de armado y montaje, por la sorpresa, por el tiempo de espera, por la ansiedad y por ser tan poco predecible. Suele escucharse que no hay nada nuevo bajo el sol en esta matrix cotidiana. Pues miremos al sol entonces. Girando por el mundo, o el mundo girando: Rosario, Reconquista, Berlin y Brno.

Y de tarde soñamos nuestras vidas...

Autor: Daniel Aime

Investigar y jugar incansablemente con cámaras estenopeicas es un andar que se orienta hacia la búsqueda de una fotografía auténticamente libre; libre de formatos y texturas; libre de los convencionalismos del mundo de la fotografía del siglo XXI. Es una vuelta a una técnica que además de libre se torna lúdica, ya que invita, a partir de los principios básicos y fundamentales de la fotografía, a jugar con la inquietud y la experimentación personal. La experimentación a través de la fotografía estenopeica es una herramienta que nos permite mantenernos siempre sorprendidos por la incertidumbre y los caprichos del comportamiento de la luz. Aunque existan montones de leyes físicas que rigen el comportamiento de la luz, adentrarse en el mundo estenopeico es siempre un camino que zigzaguea entre la sorpresa y la belleza artística de imágenes a veces nítidas, a veces difusas, como salidas de un sueño. Es que realmente es así, si pudiésemos “fotografiar” nuestros sueños, o manipular y obtener de alguna forma, imágenes de nuestro mundo onírico, sin dudas, estas imágenes serían estenopeicas: sutiles, personales, formadas por una mínima cantidad de luz en el medio de la más pura oscuridad. Una cantidad de luz pequeñísima, pero necesaria y suficiente como para dar rienda suelta a un mundo propio completamente misterioso e íntimo, cautivante y hermoso. Es en concordancia con este “manifiesto” personal que nace el trabajo realizado y el proyecto de muestra que se llama Y DE TARDE SOÑAMOS NUESTRAS VIDAS. La misma está compuesta por un total de 20 fotografías que fueron realizadas con cámaras de cartón de construcción casera, que funcionan en base a los principios de la fotografía estenopeica y utilizan como soporte papel fotosensible en pequeño formato. Los negativos obtenidos son posteriormente revelados en forma manual en un laboratorio también casero, para luego ser digitalizados para su positivado y para un redimensionamiento hasta obtener el tamaño actual de las imágenes (20 cm x 30 cm).

En cuanto al contenido de la obra, el mismo busca plasmar la cotidianeidad del fotógrafo: su casa, su familia, sus cosas, su día a día; ese “mundo propio” que, a través de la apropiación por medio de la cámara estenopeica, se vuelve misterioso, íntimo y cautivante a partir de una estética a veces confusa, a veces casi onírica, una estética fotográficamente inconfundible que se consigue con esta  técnica. La fotografía estenopeica es una fotografía libertaria auténtica que nos brinda la posibilidad de romper con todos los esquemas establecidos para abrirnos y entregarnos a la imaginación y a nuestros sentidos más lúdicos y experimentales para apropiarnos del mundo que nos rodea y mostrarlo.

 

Berretta. Lo que el tren se llevó

Berretta es un pueblo que se encuentra a 75km de la ciudad de Rosario. El pueblo propiamente dicho, se fundó en 1925 por iniciativa de María Luisa Correa, quien fuera propietaria de esas tierras. El tren de pasajeros dejó de funcionar a finales de los años 70, mientras que los trenes de carga siguieron circulando hasta la década de 1990.
Con la suspensión del servicio ferroviario Berretta se fue despoblando y en la actualidad solo viven 12 personas, la escuela sigue funcionando y sólo los sábados se reúne un grupo de amigos para jugar al fútbol.
Autora: Virginia Dellepiane
Técnica:
fotografía