Dos generaciones unidas por el amor a la música

Las Serenateras del CC Cine Lumière participan de una iniciativa que las enlaza musical y afectivamente con los alumnos de la Orquesta infantil de Villa Gobernador Gálvez.

Hay lenguajes que no conocen límites y la música es uno de ellos. Capaz de transportarnos a otros paisajes, a otros tiempos, aliviarnos la nostalgia, de devolvernos sensaciones, escalofríos, sentimientos escondidos y –por qué no- de hacernos creer que la magia existe.

Algo de todo eso empezó a suceder a principios de este año, cuando Alejandra Zambrini –coordinadora de Las Serenateras del CC Cine Lumiere-, recibió el llamado de Alejandro Bluhm, un talentoso músico que quería realizarle una propuesta. La invitación consistía en generar un encuentro de intercambio musical entre la Orquesta infantil que él dirige en Villa Gobernador Gálvez  y Las Serenateras del Lumière, que finalice con un concierto a fin de año.

Desde su conformación en 1998, este grupo de mujeres audaces y alegres que componen Las Serenateras han tomado el desafío de mantener viva la bella tradición de expresar sentimientos a través de una canción dedicada: la serenata. Desde 2010 desarrollan su actividad en el Centro Cultural Cine Lumiére, bajo la dirección de Alejandra Zambrini. En la ciudad y alrededores visitan escuelas, clubes, geriátricos, hospitales psiquiátricos, parroquias, cárceles, centros culturales barriales, centros vecinales, centros de jubilados, numerosos eventos oficiales y fiestas familiares.

Sin dudarlo, Las Serenateras aceptaron esta fascinante invitación y allí arrancó un proceso maravilloso: los extremos de la vida conectándose amorosamente a través de la música. Los niños y las abuelas en concierto.

Los organizadores decidieron que el primer contacto fuera por correspondencia, como en los viejos tiempos. Cartas escritas a mano y ensobradas, con destinatario y remitente.

Los chicos y chicas de la orquesta eran más de 40 y las Serenateras un poco más de 20. La primera carta la escribieron ellas. Sin conocerlos y al azar cada una escribió dos o tres, destinadas a niños y niñas de los cuales solo sabían el nombre.

Esta propuesta produjo mucha emoción y expectativa en este grupo de mujeres mayores. Si bien se caracterizan por ser alegres y entusiastas, se sintieron especialmente motivadas por esta iniciativa. Contaron sus historias de vida, anécdotas de su infancia, hicieron preguntas, eligieron sobres especiales, dibujaron… Fueron felices.

Vestida de cartero, Alejandra Zambrini irrumpió con los sobres en el ensayo de la orquesta. Azorados y con una sorpresa indescriptible, niños y niñas recibieron sus cartas. Ellos no sabían nada de lo planeado. Con gran curiosidad comenzaron a leer. La mayoría nunca había recibido una carta escrita. Los más pequeños pedían ayuda a los adultos para saber qué decía. Fue un momento único y entrañable. 

A la semana siguiente llegaron las primeras respuestas y comenzó el intercambio postal. Historias, dibujos, regalos y preguntas circularon durante casi dos meses.

Finalmente, un viernes de junio Las Serenateras se acercaron a Villa Gobernador Gálvez para conocer personalmente a los integrantes de la Orquesta. Como buenas abuelas, llevaron muchas tortas. Esta vez los chicos tampoco estaban enterados. Con gran sorpresa, las vieron llegar con sus sombreros floridos y las sonrisas dibujadas. Inmediatamente comenzaron a buscarse destinatarios y remitentes.  Otra escena divertida y emocionante.

Las Serenateras cantaron para los chicos, los chicos tocaron para ellas y allí se acordó realizar en conjunto un concierto a fin de año, momento que sellará este enlace generacional logrado a partir de la magia de la música.